Entre los diferentes aspectos sociales que acontecen a diario en la Universidad centraré la atención en los procesos económicos, particularmente aquellos que están en función del comercio, el control de precio para algunos y la libertad de acción, comercio de pasillos, para otros. Como economista, me interesa estudiar los comportamientos económicos en función de mejorar los mecanismos por los cuales se logra una mayor calidad de vida. Al respecto, aduciendo a las leyes de precios, competencia y ganancia preocupa la aceptación del control de precios que mantiene la Universidad de Antioquia al mejor estilo de una estructura de planificación central en coexistencia con una aceptación de la ilegalidad. Los resultados económicos vistos en las economías socialistas mostraron que la adopción del control de precios lleva a: intercambios ineficientes, mala calidad en los bienes y servicios, burocracia, escasez de innovación, discordias sociales, en general, mal-estar social. Propongo en las siguientes líneas iniciar el debate y buscar la participación activa de la Facultad de Economía y los planificadores para lograr mecanismos que promuevan la liberalización de los precios sin activar costos altos para la comunidad universitaria, al mismo tiempo que se busque la mejor solución al mercado de pasillos que profundiza aún más el problema.
Dentro del Alma Mater, los formación de precios que encuentras en las cafeterías al interior de la Universidad no son la consecuencia de un sistema de mercado, menos el resultado de la mutua cooperación entre los vendedores y compradores, en realidad, es el control del sistema universitario el que direcciona los procesos económicos, controla los precios. El control lo reciben los establecimientos que están obligados por sus contratos a cumplir con el pago del canon de arrendamiento y servicios públicos, a ajustarse a las normatividades sanitarias vigentes, regulaciones laborales (con todos los costos que implican para el empresario) y otros impuestos comerciales. No es el caso para los esfuerzos económicos espontáneos que instalan sus negocios en áreas de estudios, mesas y pasillos, que escapan de la mano reguladora universitaria, eluden los costos fijos[1] bajo un sistema de trabajo informal que ingresa fácilmente al mercado, pero con ventajas en las reglas de juego para competir pues la estructura de costos fijos puede no existir y tampoco están sujetos a cumplir las normatividades fiscales. Dichos esfuerzos comerciales, además de motivar el aumento del mercado ilegal, alteran el paisaje universitario al estilo de un mercado de “Hueco” (“persa” lo llamaron los 229 profesores que días pasados manifestaron inconformismo ante el Consejo Universitario), se apropian de los espacios desplazando la función académica de las instalaciones a una función comercial donde los cazadores de rentas ilegales, gozan de inmunidad territorial y la aceptación (indiferencia) del regulador. Ante dicha situación, es fácil pronosticar la proliferación creciente de los surgimientos espontáneos, así como el progresivo inconformismo de los empresarios que ocupan los puestos altamente regulados y, el igualmente creciente malestar de la comunidad universitaria que se siente cada vez más desplazada de sus espacios académicos.
Dejando a un lado, pero no menos importante en la discusión, la apropiación del espacio público por parte de los venteros de pasillos fijos y ambulantes, comprendamos un poco la motivación de los empresarios de los establecimientos de comercio. Su motivación a ubicar un punto de venta al interior de la Universidad de Antioquia viene dada para el tamaño del mercado, es decir, la cantidad de personas que a diario circulan por el frente del negocio y son potenciales compradores. Ante ese panorama el cálculo económico de los empresarios es favorable, aun aceptando el control de los precios que impone la oficina de Bienestar Universitario a cada uno de los bienes que vende en la cafetería, eso, sin haber calculado los impactos negativos ocasionados por los venteros ambulantes.
El empresario actúa considerando algún grado de escasez en su producto, ya sea por localización o valor agregado y por tanto emprende su aventura económica. Ahora, la primera vía del problema viene dada en lo siguiente, sí un empresario, viendo las necesidades de sus consumidores potenciales, quiere vender, digamos una empanada en $950 porque en su cálculo económico ese precio es coherente con los costos y la rentabilidad esperada y además con las restricciones de los compradores (en caso contrario no la vendería), pero se encuentra ante la exigencia de Bienestar Universitario que asigna un precio de venta de $850 porque cree que es más “justo”, ¿Quién carga con los otros $100?, una de dos: a) no se vende la empanada y el empresario no arriesga, el consumidor no puede acceder al bien, hay escasez, pierden productores y consumidores, “gana” Bienestar Universitario, b) El empresario ajusta el precio, la vía más directa y simple es la calidad, habla con el proveedor para que envíe un producto de menor calidad, por ende menos costos; así, pierden los estudiantes (el consumidor) porque recibe productos de especificaciones inferiores a las esperadas, también pierde el empresario vía percepciones negativas de la demanda, “gana”, de nuevo, Bienestar Universitario. Al final, vemos una universidad plagada de mala calidad, escasez e inconformismos tanto del lado de los estudiantes como de los comerciantes. Los controles de los precios no redistribuyen la riqueza, tampoco actúan como garantía de acceso a los productos, únicamente sirven como distorsiones excesivas del sistema de mercado. Controlar los precios es enviar señales incorrectas a los mercados, por tanto la respuesta de los mercados es promover la escasez de los productos y empeorar la calidad de aquellos que sí se pueden vender. Ahora se comprende la expresión: “aquí no hay donde comer un almuerzo decente” (empleado universitario) y su consecuente respuesta al desplazarse fuera del campus universitario en busca de alimentación.
El problema se agudiza para los comerciantes cuando bajo esa estructura de control de precios también se acepta el comercio de pasillos, pues la garantía de cumplir los costos fijos y la rentabilidad se esfuma poco a poco con el desplazamiento de la demanda hacia los puntos de venta de los pasillos, por obvias razones, allá venden bienes con cierto grado de homogeneidad respecto a los de cafetería pero a un menor precio pues no cargan con los costos fijos.
Retomemos el caso del control de precios, lo que hace bienestar universitario es diseñar las características que limitan las relaciones sociales, eso es aplicar una función determinista a los cambios del mundo real, que por esencia cambian a diario; por ejemplo, el mercado de frutas y verduras a diario presenta fluctuaciones que solo el empresario dedicado a comprenderlas puede lograr ajustar el precio final de su producto con el fin de evitar la escasez al consumidor y competir en el mercado. ¿Por qué si hay población dispuesta a pagar más por un jugo de mango en tiempos de escasez de mango no lo encuentra disponible? La respuesta es porque “no da” venderlo al precio asignado desde la centralidad ¿será que el comportamiento es promover la escasez o ajustar el precio de mercado? Con la imposición de precios, al parecer Bienestar Universitario tiene una bola de cristal que le dice los precios de mercado, actúa con el regulador que cree saber todo de todos los mercados. El comportamiento de las directivas universitarias promueve la escasez en épocas donde los precios de mercado son mayores a los impuestos; por la otra vía, cuando los precios de mercado son más bajos el control no motiva al empresario a bajarlos. Se presume que Bienestar Universitario tiene buenos motivos, pero los procedimientos para lograr los objetivos convierten los buenos motivos en incentivos perversos para la libre actividad económica, la bondad se convierte en tiranía.
Ahora, ¿Qué garantiza que los precios formados bajo la mutua cooperación entre oferentes y consumidores no promuevan estructuras de monopolio y los estudiantes tengan la disponibilidad a pagar por los bienes que se ofrezcan?
Ilustremos mediante el ejemplo de la mutua cooperación en los mercados de impresión[2] que se encuentran en los pasillos de la Universidad. Innovaciones espontáneas de los estudiantes que son apoyadas por la administración en el cumplimento de las normas institucionales. Los empresarios (estudiantes) ofrecen un servicio de la mejor calidad a los consumidores (comunidad universitaria), vía competencia pues existen varios vendedores de mismo bien o servicio, los precios tienden a llegar al punto más bajo, y la diferenciación del producto se hace por valores agregados que se trasladan a los consumidores, es una cooperación espontánea que se logra precisamente porque no existen controles de precio o asignación (impuesta) de funciones de producción. Bajo este esquema todos ganan, los productores venden al precio que, por el conocimiento del mercado, cumple con su cálculo económico (esto incluye el apoyo económico a los estudiantes que participan trabajando); los consumidores obtienen un precio cada vez más competitivo, reciben valores agregados y obtienen una mayor calidad en servicio; Bienestar Universitario libera los costos de controlar los precios del mercado y gana Bienestar Universitario. La promoción de la competencia obliga a los empresarios a ajustar los precios en lectura de la presión de la demanda, en caso contrario, limitar la competencia de las empresas con la gravedad del control de precios es desestimular la creatividad y promover estructuras productivas totalmente ineficientes.
La respuesta concreta debe promover la claridad en la reglas, basar las estructuras de mercado en oportunidades iguales para los que participan, promover la competencia y liberalizar los precios. Todos los mercados son lugares de encuentro pero deben permitir cambiar los permanentes y cambiantes valores individuales. Si las exigencias no son satisfechas no habrá cooperación en la relación, ante una negativa de la venta, los productores cambiarán su comportamiento, es un orden espontáneo que permite expresar la creatividad. La competencia es la garantía de experimentar nuevos productos, nuevos precios, nuevas formas para captar demandantes. Bien lo expresó el economista F. Hayek: en manos de los planificadores, las visiones son tan simplistas que ignoran las reglas subyacentes de precios, ganancias y competencia que a través del tiempo se acomodan a las exigencias de los consumidores.
Ninguna situación es tan mala que no se pueda empeorar. En este sentido, saber que una situación es subóptima no implica una intervención coercitiva por parte de Bienestar Universitario para mejorarla, ya que su acción está sujeta a un conjunto de restricciones que pueden profundizar el problema con la intervención. Un análisis integral de la participación de Bienestar Universitario en el control de precios requiere abordar la situación que está interviniendo con una visión que no se limite a la mejor opción para resolver el problema actual, sino también a las posibles consecuencias de la acción de una decisión de actuar, o de no hacerlo.
[1] Aquellos en los que incurre un productor independiente de su nivel de producción, deben pagarse produzca o no la empresa, por ejemplo: arrendamientos, servicios públicos e interés de capital
[2] Interesa el caso de las impresiones porque existe una cooperación entre toda la comunidad universitaria. Sin embargo, el ejemplo de regulación vía precios también se observa en el mercado de minutos de celular y películas piratas, no obstante no hacen parte del argumento porque su legitimidad ante la Universidad no existe.
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